Sembrar conocimiento, cultivar mercados e inversiones para cosechar desarrollo
15 junio 2026
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Balbina heredó pequeñas parcelas y, por tradición familiar, se dedicó a la siembra. Sus primeros intentos con el maíz no tuvieron éxito, pero la ilusión de aprender la mantuvo de pie.
La pandemia hizo que sus sueños parecieran lejanos, hasta que en Cusco descubrió las ferias promovidas por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), donde los agricultores podían ofrecer sus productos. Esa oportunidad le devolvió la esperanza. Sin embargo, le faltaba preparación y mejorar capacidades para poder acceder a estos nuevos mercados.
Pronto conoció que las Naciones Unidas fortalecía capacidades en su zona. Se animó a participar en distintas capacitaciones y acompañamiento directo en sus parcelas donde se trataron temas como la siembra eficiente, tipos de siembra e inocuidad de las cosechas.
“Por una capacitación llegué al proyecto y un programa de las Naciones Unidas, que me ha enseñado mucho con las escuelas de campo, como abonos orgánicos, uso de suelos, inocuidad y sembríos estacionales”, nos cuenta.
Y es que la Ley 31071, referente a las Compras Públicas de la Agricultura Familiar en el Perú, abre un camino de oportunidades para el pequeño agricultor que tiene las condiciones para escalar. Hablamos de más de 200 000 productores en el país. Es el inicio de una ruta de progreso y desarrollo para quienes trabajan la tierra y necesitan que el sistema los acompañe con empatía, respondiendo a las exigencias de los nuevos mercados.
En este proceso, las Naciones Unidas se convierte en un actor clave: fortalece el sistema, adapta el modelo y brinda herramientas para que los pequeños productores comprendan y atiendan la nueva demanda. Además, acerca los agricultores a mercados sostenibles, alineados con la ley y con condiciones que permiten construir relaciones comerciales justas y duraderas.
Por primera vez en la historia, los programas sociales compran con presupuesto público alimentos frescos provenientes de la agricultura familiar. Un ejemplo concreto es la venta continua durante el 2025 a 37 escuelas en Cusco, Ayacucho y Piura, marcando un hito en la integración de los agricultores familiares al sistema nacional de abastecimiento.
Este esfuerzo consolida el poder concertador del Gobierno junto a las Naciones Unidas, trabajando en alianza entre Midagri, Midis, Agromercado, Senasa y los gobiernoslocales. Juntos, establecen un mercado estable y accesible para los productores, generando sostenibilidad desde el propio sistema que durante el 2025 movilizó un total de US$ 32,8 millones de dólares, acumulando desde el inicio del proyecto un total de US$ 61,6 millones de dólares.
Es así que Balbina en Cusco, junto a varios productores más, han proveído de alimentos frescos e inocuos a las escuelas priorizadas durante el 2025. Cada producto que llega a la mesa es símbolo de esfuerzo, unión comunitaria y futuro compartido: semillas de oportunidad que florecen en bienestar para familias en el país.
Abel Quilca Hualpa, presidente de la cooperativa CASICE, en Junín, también conoce el valor de sembrar en comunidad. Tras años en los que la agricultura parecía un camino sin retorno, decidió junto a otras familias organizarse y asumir un reto colectivo: transformar su esfuerzo en oportunidades reales.
"Antes pensábamos en dejar la chacra, pero ahora sabemos que en la papa nativa está nuestro futuro. Como cooperativa, sembramos hasta 10 hectáreas y eso nos da para alimentar, educar y crecer", relata.
Con voz serena recuerda el momento en que todo cambió: una rueda de negocios organizada en Huancayo por Agromercado y las Naciones Unidas. Allí conocieron a inversionistas, cadenas de supermercados y restaurantes interesados en sus papas nativas. “Gracias a ello ahora estamos en conversaciones con supermercados y otros mercados. Fue un punto de quiebre. Este año ya estamos entregando papas nativas a una empresa, gracias a un contrato que firmamos tras esa rueda de negocios”.
Abel sueña con una planta propia de procesamiento y con ver a sus hijos administrando la cooperativa. “No queremos que dejen la tierra. Queremos que vuelvan, pero como profesionales y apliquen el conocimiento en nuestra comunidad. Así, el campo será el futuro que merecemos”.
La historia de Abel representa un nuevo paradigma impulsado por la iniciativa Mano de la Mano, una estrategia de las Naciones Unidas que busca acelerar el desarrollo rural sostenible y la transformación agrícola mediante inversiones de alto impacto en territorios vulnerables. Esta iniciativa pone al agricultor en el centro, reconociendo su rol no solo como productor, sino como actor clave en la erradicación de la pobreza y la seguridad alimentaria.
Gracias a su participación en ruedas de negocio promovidas con aliados del sector privado diversos productores accedieron a compradores finales con negociaciones más justas para sus cultivos. Establecieron conexiones con supermercados, programas sociales y empresas privadas que valoran la calidad, el origen y el esfuerzo detrás de cada producto. Además, el apoyo técnico de las Naciones Unidas ha permitido mejorar la postcosecha y la presentación comercial, así como fortalecer su autoestima, liderazgo y visión empresarial.
En el Perú, los sueños de los agricultores no tienen fronteras. Orgullosos de la calidad de sus productos, se proponen que el mundo los conozca. Pero, para lograrlo, es necesario realizar inversiones que eleven la productividad en el campo, y el acceso a financiamiento suele ser una barrera de crecimiento.
Ese era el sueño de Don Idelso, y hoy se ha vuelto una realidad a través del proyecto Avanzar Rural. Su cooperativa cafetalera, COOPBAM, produce grano de alta calidad y es la única organización agraria que opera en medio de un área natural protegida en el Perú: el Bosque del Alto Mayo, donde la agricultura sería imposible sin adoptar prácticas sostenibles.
Como Don Idelso, más de 20 000 productores agrarios han logrado elevar su productividad, resiliencia climática y acceso a mercados en 101 distritos del país con este proyecto, que ha sido implementado por el Midagri con un cofinanciamiento de US$ 24 millones de Naciones Unidas.
“No contábamos con un almacén propio y eso nos impedía vender nuestro café conforme a los requerimientos de mercados extranjeros. Con el financiamiento de Avanzar Rural, ahora tenemos un local y le hemos abierto la puerta a más clientes internacionales que compran calidad, porque hoy los productores traen su café y aquí lo almacenamos de forma diferenciada para exportación, según lo demandan los clientes”, señala Don Idelso. Además, destaca que han fortalecido sus capacidades para mejorar las prácticas agrícolas de producción orgánica, sin generar contaminación.
Los 402 emprendedores agrarios de esta cooperativa se han convertido en empresarios rurales y hoy, su café conquista paladares en países como Dinamarca, Francia, Alemania y Estados Unidos. “El apoyo a la población rural cambia vidas, y nosotros somos un ejemplo de eso”, reconoce Don Idelso.
El impulso de inversiones estratégicas permite destrabar el potencial productivo de los productos locales, mejorar el acceso a semillas de calidad, fortalecer la productividad agraria y el acceso a mercados, e impulsar la agricultura familiar como eje de un futuro sostenible para todo el país.