30 años de experiencia, hoy al servicio de la niñez.
Después de toda una vida profesional, ¿qué sigue? Luego de décadas de experiencia laboral en el sector público y del desarrollo, Gisella Godier encontró una respuesta: convertirse en Voluntaria ONU.
Hoy, a sus 58 años, forma parte del equipo de UNICEF en Perú, poniendo al servicio de la niñez y adolescencia la riqueza de toda su trayectoria.
Donde todo empezó
Gisella es de la región de Ucayali, donde creció entendiendo de cerca los desafíos, así como la riqueza de su comunidad. Hoy, elige ser Voluntaria ONU en esa misma región, acompañando cambios desde un lugar profundamente personal: el territorio que conoce, entiende y siente suyo.
Durante años ha liderado equipos, impulsado políticas y acompañado iniciativas para mejorar la vida de las infancias. Pero la experiencia, por sí sola, nunca fue el objetivo.
Ser Voluntaria ONU no fue una transición, fue una decisión consciente de poner todo lo aprendido al servicio de otros; de forma más directa, más intencional y más cerca de donde realmente importa.
Ahora, desde UNICEF, conecta al gobierno con las comunidades y otros aliados para que las políticas públicas se conviertan en servicios reales para niñas, niños y adolescentes, especialmente en contextos vulnerables.
Como parte de su rol como Voluntaria ONU en el equipo de UNICEF en Perú, Gisella acompañó la aprobación de una ordenanza para que más madres indígenas reciban una atención segura y respetuosa durante el parto.
Fue uno de esos cambios que toman tiempo y se logran en equipo. Durante dos años coordinó con el gobierno regional, parteras, obstetras, actores de la salud y otros socios, para fortalecer condiciones para que más mujeres indígenas pudieran acceder a partos verticales seguros, respetando sus costumbres y decisiones.
Hubo dudas, preguntas, y se requirió construir confianza, pero el esfuerzo dio resultado: la aprobación de la ordenanza facilita que este modelo de atención siga creciendo y llegue a más comunidades de Ucayali.
"La perseverancia y la voz colectiva sí logran cambios." Y ahí es donde el voluntariado cobra sentido: en conectar personas, sostener procesos y ayudar a que las soluciones crezcan más allá de un proyecto.
Elegir servir, importa
"Cada acción, por pequeña que sea, puede transformar vidas."
Para Gisella, el voluntariado no es una idea abstracta. Es concreto, humano, inmediato.
Es un/a adolescente que encuentra su voz y empieza a proyectarse.
Es el niño y la niña que sonríe con esperanza al recibir un kit escolar tras una inundación, porque sabe que podrá volver a clases.
Es la presencia cada vez más fuerte de adolescentes en espacios donde se toman decisiones.
Estos momentos no son ajenos a su trabajo: son su razón de ser.
Y son también un recordatorio de algo esencial: la experiencia, por sí sola, no basta. Es cuando se pone al servicio de otros que realmente se vuelve transformadora.
Gisella eligió servir. Y con ello demuestra que el verdadero valor de una carrera no se mide solo por lo lejos que te lleva, sino por el impacto que decides generar con ella.