En su casa en Tacna, Adelina acaricia con cuidado un album de fotografías antiguas. Son recuerdos de la vida que construyó durante años en Venezuela: su boda, celebraciones familiares y el hogar que levantó con esfuerzo. Cuando tuvo que huir de su país, pensó que esas memorias se habían perdido para siempre.
A sus 71 años, Adelina nunca imaginó que tendría que empezar de nuevo en otro país. “Yo pensaba pasar mi vejez en mi casa”, dice. Pero en 2020 no tuvo más remedio que salir de Venezuela junto a su esposo, Mervin, cuando la inseguridad y el miedo se volvieron parte de su vida diaria. En Perú encontró algo que no sentía desde hacía mucho tiempo: seguridad. Poder caminar por la calle sin miedo le permitió volver a imaginar un nuevo comienzo.
Con el apoyo de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios locales, Adelina pudo regularizar su situación, obtener un carné de extranjería y acceder a servicios básicos, lo que le ayudó a recuperar estabilidad en un momento clave. A partir de ahí, su resiliencia y su deseo de seguir adelante le permitieron reconstruir su vida.
Con una licenciatura universitaria en Educación obtenida en Venezuela y años de experiencia en escuelas, en Perú vio una oportunidad para utilizar sus conocimientos y obtener una fuente de ingresos. Así comenzó a dar refuerzo escolar a niñas y niños de su barrio en Tacna, tanto peruanos como venezolanos. Les ayuda con la lectura y las tareas, compartiendo no solo conocimientos, sino también ánimo y confianza.
“Cuando yo me vine para acá ya estaba jubilada. No pensé que a la edad que tengo estuviese trabajando, aunque me siento con la capacidad de hacerlo, pero mis planes eran otros”, afirma Adelina. A pesar de su edad y de algunas limitaciones físicas, sigue trabajando para apoyar a su familia.
Adelina es una de las más de 32,400 personas refugiadas y peruanas asistidas por ACNUR en la región de Tacna en 2025. Entre otros servicios esenciales, ACNUR y sus socios brindaron asistencia y orientación legal, alojamiento temporal y atención en salud primaria a personas que tuvieron que huir de su país y se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad. Entre ellas, ACNUR apoyó a casi 5,000 personas en puntos de frontera y tránsito de Tacna.
Con el tiempo, Adelina se ha convertido en una líder respetada dentro de la comunidad en Tacna. Tras participar activamente en talleres y actividades comunitarias lideradas por ACNUR, Adelina se destacó apoyando a otras familias recién llegadas, compartiendo información sobre los servicios disponibles y esforzándose para mejorar la integración y la convivencia de las personas refugiadas en Tacna. Su liderazgo nace de la empatía y de su propia experiencia de desplazamiento.
Hoy vive con su esposo, su hija y su nieta. En el patio de su casa, sus perros juegan bajo el sol tacneño. Como los 1,66 millones de refugiados y migrantes venezolanos que hoy viven en el país, Adelina sigue reconstruyendo su vida con dignidad: un recuerdo, una lección y un gesto de solidaridad a la vez.