Sin embargo, cuando la migración se administra mal o se tergiversa, puede avivar el odio y la división y poner en peligro la vida de personas que buscan seguridad y oportunidades.
Desde 2014, casi 70.000 migrantes han muerto o desaparecido en las rutas terrestres y marítimas, y es probable que la cifra real sea mucho mayor. Las fronteras se blindan cada vez más, los traficantes y tratantes de personas prosperan, y las mujeres y los niños están entre los más expuestos al peligro.
Hace siete años, la comunidad internacional aprobó el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, con el objeto de aprovechar al máximo las ventajas de la migración al tiempo que se afrontaban sus problemas.
Podemos y debemos aprovechar el potencial de la migración para impulsar el desarrollo sostenible y construir sociedades más resilientes. Hay que empezar por cuestionar los relatos que deshumanizan a los migrantes y sustituirlos por historias de solidaridad.
En este Día Internacional del Migrante, defendamos juntos los derechos de todos los migrantes y hagamos que la migración sea digna y segura para todos.