En la actualidad, el aire que respiran casi todos los habitantes de la Tierra es inseguro, lo que contribuye a millones de muertes al año, en especial de personas mayores y niños y niñas.
Pero las soluciones a este problema están al alcance de la mano. Podemos controlar los contaminantes que asfixian a las personas y calientan el planeta invirtiendo en energías renovables, mejorando la gestión de residuos, frenando la deforestación, incluidos los incendios forestales, y fomentando una agricultura respetuosa con el medio ambiente.
La clave son políticas audaces, como la aplicación más estricta de la ley, el funcionamiento de sistemas de alerta pública y la colaboración transfronteriza.
Los Gobiernos deben aprovechar la oportunidad que brindan los nuevos planes climáticos nacionales, previstos para este año, con miras a trazar el camino hacia una drástica reducción de las emisiones y una transición justa que permita abandonar los combustibles fósiles.
Para demasiadas personas en todo el mundo, el cielo azul se ha teñido de gris por la inacción y la injusticia.
Adoptemos medidas urgentes hoy, por un aire limpio y respirable para todos y todas.